Augustine Leudar

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LEUDAR: EL LENGUAJE DE LA NATURALEZA AUGUSTINE LEUDAR.

Con más de 20 años investigando las plantas y las formas que tienen de comunicarse, el científico, artista y músico experimental llegó a Santa Cruz para hablar de su experiencia en estos campos.

El sonido de la naturaleza es la marca registrada de Augustine Leudar, un tipo de unos 40 o 41, quizás 42 años (dice que no recuerda su edad exacta) que lleva como 20 estudiando las plantas y los sonidos que emiten.
Las plantas se comunican entre sí, no con un lenguaje articulado, por supuesto, sino a través de signos eléctricos, explica Leudar, que llegó a Santa Cruz para participar de la feria cultural La Clandestina con charlas y talleres; estos signos eléctricos en fisiología se los denomina “potencial de acción” y son similares a los que producen el sistema nervioso humano y el animal.
Leudar, nacido en el Reino Unido, recientemente estuvo trabajando en Brasil, en plena selva amazónica, como parte de sus estudios de doctorado en el Centro de Investigación de Arte Sonoro, de la Universidad de Queen, en Belfast (Irlanda).

El idioma de las plantas

El interés de Augustine en esta área surgió cuando viajó a una comunidad indígena en Perú; allí, los originarios cantaban ícaros (himnos chamánicos) para relacionarse y entender  las propiedades medicinales de las plantas.
Leudar, que estuvo en idas y venidas al Perú por siete años llegó a la conclusión de que estos organismos respondían a los cantos de los indígenas y es lo quiere demostrar con una base científica que va por buen camino, menciona.
En sus estudios, Leudar coloca electrodos en las plantas de una manera que no afecten los signos eléctricos. Mide si hay reacciones o estímulos y si los hay la computadora los convierte en sonido. Es un procedimiento similar al que hizo el estadounidense Alvin Lucier en 1965, cuando presentó su Music for solo performer; ahí, Lucier se conectaba electrodos de electroencefalografía en su cabeza y amplificaba las ondas cerebrales.  “Antes había una controversia muy grande en torno a esto”, cuena Leudar. “En parte debido a unos estudios muy malos realizados en los 60, 70, que fueron desvirtuados rápidamente. Hoy hay un poco más de aceptación”, agrega, y comenta de una tésis de la científica Mónica Gagliano aparecida este año que propone que las plantas tienen la capacidad de ‘aprender’, es decir, tienen memoria.

Música en la selva

Augustine Leudar también hace música, pero no es la convencional que suena en todas las radios o en las fiestas. “A mí lo que me encanta es el audio  espacial”, dice entusiasmado Leudar. El audio espacial sucede cuando se utilizan dos parlantes para crear la impresión de que la fuente de los sonidos proviene de cualquier lugar, no solo de donde están situados los parlantes.
“Son sonidos envolventes y yo intento crear cosas que son imposibles regularmente”, continúa Leudar, cuya especialidad son las instalaciones en las que reproduce las sonoridades de los bosques.
Él fue el autor de la instalación sonora Biomes at nightque abarcó todo el Proyecto Edén, de Cornwell (Inglaterra), el jardín botánico más grande del  mundo.
“Normalmente cuando ponen sonido en un lugar así, sale de dos parlantes, pero no suena igual que en la selva; como yo viví ahí, sí sabía cómo sonaba, tiene sonidos por todos lados. Entonces, rodeamos el lugar con amplificadores y pusimos un parlante gigante arriba que emitía truenos y sonidos imaginarios; la gente caminaba por la noche y escuchaba eso, que sonaba como en la selva. No exactamente igual, pero imitaba a millones de insectos, para muchos era como real”, indica Leudar.

El futuro

Leudar se considera más un artista que un académico, sin embargo sus investigaciones con el reino vegetal continuarán. En la feria La Clandestina habló de su trabajo como músico experimental, de la electrofisiología de las plantas y tuvo una pequeña instalación titulada Jardín de membranas.
Su trabajo musical puede escucharse completanmente en su cuenta de souncloud. Produce piezas que están dentro del género de música concreta, hipnagógica y también ambiental.
Siente que recién está empezando a ver los frutos de su esfuerzo, sobre todo en lo económico. “Llevo 20 años en esta vaina y recién hace cuatro que estoy haciendo plata”, comenta, siempre de manera amable.
Leudar estuvo con otra instalación el año pasado en la sección Shangri La del prestigioso festival de Glastonbury.
Espera venir otra vez a Santa Cruz, donde ya estuvo hace cuatro años y agregar algo de Bolivia a su repertori.

Translation :

The sound of nature is the trademark of Leudar Augustine, a man of about 40 or 41, maybe 42 years (he says can not remember his exact age) and he has been studying plants and sounds they emit for 20 years.
Plants may communicate with each other, not with articulated language, of course, but through electrical signals explains Leudar, who came to Santa Cruz to attend the cultural fair La Clandestina of art, creativity, talks and workshops; these electrical signals in physiology are called “action potentials” and are similar to those that produce the human nervous system and that of animals.
Leudar, born in the UK, was recently working in Brazil, in the Amazon jungle as part of his doctoral studies at the Sonic arts Research centre at Queen’s University in Belfast.

The language of plants
Augustine’s interest in this area came when he traveled to an indigenous community in Peru; there, they sing ícaros (shamanic hymns) to relate to and understand the medicinal properties of plants.
As a result of these comings and goings to Peru for seven years Leudar concluded that maybe plants responded to the Icaros and he was interested to see if there was a scientific basis for this.
In his studies, Leudar places electrodes on the plants in a way that does not affect their natural electrical signals. He then measures for reactions to stimuli and if there are any signals the computer makes them audible. It is a method similar to that made the American Alvin Lucier in 1965, when he presented his Music for solo performer; Hence, Lucier connected electroencephalography electrodes to his head and amplified his brain waves. “Before there was a big controversy about this,” says Leudar. “In part due to very poorly controlled studies in the 60s, and 70s, which were quickly discredited. Today there is more acceptance in the scientific community, “he adds, and says scientist Monica Gagliano appeared this year to propose that plants have the ability to ‘learn’, ie they can remember.

Music in the jungle
Augustine Leudar also makes music, but not the conventional type ringing out at radios and parties. “what I love is spatial audio,” enthuses Leudar. Spatial audio happens when speakers are used to create the impression that the source of the sounds comes from all around the listener, not just where the speakers are located.
“The sounds immerse you, I try to create things that would be impossible normally,” continues Leudar, who specializes in producing forest soundscapes.
He was the author of the sound installation “Biomes at night”which covered the Eden Project in Cornwall (UK), the world’s largest botanical garden.
“Normally when people play sounds it comes out of two speakers, but it doesnt sound the same as the jungle; because I had lived there, I knew how it really sounded, sounds come from everywhere. We filled the place with amps and put up a giant speaker that emitted thunder sounds from above and speakers emitted imaginary sounds as well; people walked through this environment at night , and it sounded like in the jungle. Not exactly the same as the sound emitted by million of insects, but for many it was real enough”indicates Leudar.

The future
Leudar is thinks of himself more of an artist than an academic, however his research into the plant kingdom continues. At the La Clandestina festival he spoke about his work as an experimental musician, the electrophysiology of plants and had a miniature sound installation called “The Garden of membranes”.
His musical work can be heard on his souncloud account. He produces pieces within the genre of music concrete, hypnagogic and ambient music. He feels he is just beginning to see the fruits of labour, especially economically. “I’ve been doing this stuff for 20 years but it’s only the last four years that I’ve been paid for it” he comments, as always politely. Leudar produced another sound installation last year in the Shangri La area of the prestigious Glastonbury festival. He hopes to return to Santa Cruz, which he visited four years ago and add more to his repertoire.​